La prestigiosa relacionista pública que se reinventó como creadora gourmet en San Nicolás

Cómo facilitar el cambio en una ciudad que inventó un paseo costero, generó un parque público, revitalizó las plazas y creó un balneario, todo bajo la atenta mirada de la Virgen

Turismo 22 de mayo de 2022 Flavio Tomaello - La Nación
maría fernandez

Aquellos locos años ‘90 guardaban todas las ilusiones en el mundo del turismo. Estaba todo por hacer. Mará Fernanda Rodríguez lo vivió todo desde la cadena Sheraton, por esa época, la que marcaba el ritmo local. Se formó en la corporación, en un modo de pensar: “Aprendimos mucho y vimos bastante el mundo -cuenta café y torta de por medio en la tranquila tarde sabatina de San Nicolás, mientras el sol cae sobre la ribera-. No solo porque pudimos viajar, sino porque desde el hotel recibíamos mucha gente, mucha información. Fueron años estupendos”.

Una crisis del país que cambió todo

La crisis del 2001 la empujó a San Nicolás porque su marido, Pedro Diamante, es nicoleño. Llegaron junto a su hijo de un año y medio. Primero, con algunos interrogantes: ¿qué se hace fuera de Buenos Aires? Más tarde con la confirmación de que hay vida fuera de la capital. “Una preciosa vida -dice-. A escala humana. San Nicolás es una ciudad interesante. Está muy bien conectada. Es una ciudad que está a 220 km de la Capital Federal, a 70 de Rosario y la ruta 188 que termina acá en el puerto, que viene de Pergamino, Junín, entre otras. Todo a la vera del río Paraná. Entonces eso también forma a las personas, a los habitantes, porque es gente que siempre se ha nutrido de ciudades importantes”.

En San Nicolás está una de las tres casas fundacionales de la República Argentina, luego de la Rosada y la de Tucumán, está la casa del Acuerdo, con un pasado histórico con mucho arraigo. El templo masónico, también habla de la importancia de la ciudad. En un momento el puerto, que después fue a Rosario, iba a ser aquí en San Nicolás. Se dice que los conservadores no quisieron porque los puertos siempre traían un poco de mala junta, otros dicen que fue el presidente del momento el que se opuso. Dueña de un acervo cultural interesante, cuna de poetas, de algunos artistas y políticos. María Fernanda llega allí en el 2002 “a una ciudad bastante dormida. Si bien todo lo veía con ojos de turista, porque llegar fresca a una ciudad casi a los 40 años, y además formada en la cadena hotelera donde siempre estás rastreando el recurso turístico, veía a montones aquí. Sus fachadas, el templo masónico por ejemplo lo descubrí caminando, el río con su aura bucólica, la plaza, el Club Social y esa cosa de familiaridad con un sentido de comunidad que ocurre en las ciudades de este porte”. Pero la encuentra atrasada. No pasaba nada. Primero fue mamá full-time, hizo algo de consultoría hotelera, realización de eventos, pero poco más.

El espacio que se convirtió en un éxito y contagió la zona

Pero hace unos ocho años la ciudad empieza a despertarse. “Para mi -recuerda- aparecieron barrios que antes resultaban intransitables. Surgieron barrios, plazas, pequeños espacios verdes”

Por ese tiempo, su sobrino Benjamín Hermida, hoy socio y gerente de los emprendimientos que encararon, estaba terminando la facultad en Rosario y tomó contacto con toda esa vida gastronómica de la ciudad que ya había despertado 13 años antes. Cada fin de semana, cuando volvía a casa, insistía con que había que poner una cervecería en San Nicolás “porque los nicoleños en Rosario disfrutan y consumen”, decía. Lo primero que encontraron fue Villa Roca, una casona patrimonio arquitectónico de la ciudad. “Pusimos la vara muy alta sin subestimar ni en un ápice al nicoleño. Hicimos una barra que es digna de cualquier bar de Londres... Los locales nos acompañaron de una manera extraordinaria. De hecho, los primeros tiempos, había cola en la vereda.

Se convirtió en un espacio personal y con carácter donde disfrutar del perfecto Dry Martini helado, un intenso Negroni en un vaso antiguo o un Gin&Tonic rebosante de burbujas refrescantes. Llegada la medianoche se reconvierte en el sitio perfecto para dejar pasar la hora con tragos y música.

Las tradiciones no escapan al atractivo, sobre todo, porque aprovecharon la pandemia para reinventarse. Villa Roca fue ese primer golpe que tuvo su reverberación y animó a otros gastronómicos a mejorar sus bares, sus propuestas y a aplicar positivamente el efecto contagio.

Al poco tiempo la Municipalidad pone en valor el parque San Martín. Queda ahí un edificio que solía ser un museo sanmartiniano e invita a cuatro empresarios gastronómicos de la ciudad a presentar un proyecto para tomarlo en concesión. María Fernanda con un equipo de dos familias presentaron su propuesta, y llegó El San Martín, un lugar para para mirar el río, las islas, el Yaguarón que pasa por adelante. “Un lugar familiar, tranquilo, vos venís a pasear al perro y te sentás a tomar algo. Venís con los chicos, juegan ahí o vienen con su lonita a tomar mate al parque”.

El helado de San Nicolás

El San Martín se exhibe como una bandera frente al río y rodeado de naturaleza. Ideal para disfrutar de ricos platos en familia y una opción perfecta para la buena pastelería por la tarde. Las porciones para el té son desbordantes. Otra vez Benjamín empezó con sus ideas: “tenemos que poner una heladería, porque en Rosario (la gran capital heladera del país), donde más helado per cápita se toma”. Esta vez fue Eduardo Zacarías, quien ha dirigido grupos de heladeros argentinos que van a competir a Italia a los mundiales, y diseñaron un concepto. Abrió Felicia. “Remite a delicia y felicidad -relata María Fernanda-. Siempre con un concepto que nos enamora”. Ahora ya tiene tres sucursales y es un modelo que está en vías de franquiciarse. Es un helado artesanal del tipo italiano, fabricado en San Nicolás.

La pandemia detuvo todo y angustió a muchos, pero Pedro, su marido, y Benjamín nuevamente dijeron “tenemos que poner un pie en la plaza”. Ahí nació Bartolomé, que había sido por muchos años Astul en homenaje a uno de los poetas nicoleños. “Elegimos Bartolomé en honor a la plaza sobre la que está ubicado, que es la Mitre, y empezamos a tomar frases como ´sabor local’, ‘aires nicoleños’, ‘tu lugar de encuentro’, ‘nuestra historia’, y le dimos ese aire de bodegón”.

Con criterio de orgullo local crearon una fototeca histórica en un muro entero que contó con la ayuda de los archivos de Eternium, Siderar, y el museo Chernio, además de historiadores de la zona. Merece una parada.

Este equipo que lidera María Fernanda con sus ganas irrefrenables de contarlo todo se autodenomina “el grupo tapas”, con la idea de seguir explorando sabores gastronómicos. Pero no todo queda ahí. María Fernanda acaba de asumir como presidente del Club de Golf local, lista para despegar con otra idea locuaz en su concepto. Agente movllizador de cambio gastronómico, es imposible abstenerse de su energía.

Escapadas: no todo es por la Virgen
El turismo religioso siempre ha tenido en Argentina viajeros consecuentes. Tandil y Semana Santa, las peregrinaciones a Luján que transformaron al sitio en el destino más cercano para las promesas, la virgen milagrosa de Salta… y, entre tantos otros, la Virgen del Rosario de San Nicolás.

Luego de sostenerse por años como el epicentro receptivo de viajeros por un día que, como mucho, exigían un sitio de descanso digno y un lugar donde comer, de pronto San Nicolás de los Arroyos se autopercibe diferente. En poco tiempo la propia ciudad descubrió sus potenciales. Agua, campo, historia, ribera, cultura gastronómica, arte, parque, potencial cultural… Como dueña de un valioso patrimonio histórico, el río como emblema, la naturaleza entre agreste y amable y su gran legado religioso, comenzó a posicionarse como una anfitriona ideal para una escapada de fin de semana, una opción de vida al aire libre para los destinos provinciales de los alrededores y como alternativa amigable para una parada tentadora a la hora de seguir camino al norte, más allá de la Provincia de Buenos Aires.

De cara al río, la ciudad descubrió, no hace tanto, el valor de sus múltiples costas, gracias a la trama de arroyos que la surcan y definen su nombre. Luego de mucho tiempo de darle espaldas a la costa, ahora suma propuestas para disfrutar del entorno natural y, sobre todo, del paisaje que brinda el río Paraná. Paseos en barco que tienen su punto de partida en el empedrado y cuenta con un audioguía a bordo. El barco está disponible de miércoles a domingos y feriados. La embarcación cuenta con una capacidad para 44 pasajeros y viaja a una velocidad crucero de 32 km. Por otro lado, la Playa “El Arenal” es la primera de la ciudad. Inconcebible pensar tanta costa para ninguna playa de río. Un sitio de 400 metros con balneario, propuesta gastronómica y la promesa de duplicar superficie en la temporada que viene. Para llegar desde el continente se tendió un puente flotante móvil sobre el río (que por su maleabilidad no impide el tránsito acuático) y la opción de un micro que cada 15 minutos hace el trayecto hasta la playa ida y vuelta, aunque ese mismo camino se puede hacer a pie o en bici.

El Eco Parque volvió a la vida un espacio muy venido a menos. Ahora se convirtió en un inmenso recorrido repleto de senderos. Todos los días, de 07:00 a 21:00, el Eco Parque está abierto para que lo visites y disfrutes de un paseo rodeado de naturaleza. con detalles de fauna, flora e historias y leyendas de algunas de las especies nativas. Un sitio ideal para picnic, alquilar bicicletas, tablas de SUP y kayaks.

Para los amantes del buen comer, una escapada gastronómica invita a pasar unos cuantos días si el deseo es probar la diversidad.

Estación Growler propone un viaje al corazón de las grandes cervezas artesanales argentinas y del mundo. Beer garden y tap room en uno de los street food de los muchos que se exhiben en la ciudad. De hecho, las plazas, totalmente renovadas, todas con juegos impecables y sorprendentes, cuentan con food trucks que, también, se desgranan a lo largo de la costa, con mesitas y sillas prolijas y expuestas con esmero para disfrutar del tiempo al aire libre. El paseo de la costanera invita a lanzarse a un horizonte más allá. La experiencia de navegación ha crecido con la instalación de una guardería náutica justo frente a la salida hacia la playa. Por allí también se despliegan ciclistas, patinadores y skaters.

El Muelle es un clásico de cocina de río, pero que se puso a tono con las renovaciones citadinas. Hoy exhibe una apuesta de vanguardia, siempre con vista a la naturaleza.

Llegar a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás tenía sus desafíos para los dos millones de visitantes anuales. Ahora la zona ha sido encantada con una nueva explanada de acceso, armonía en la oferta de souvenirs religiosos y una serie de pequeños locales que decidieron ponerse encantadores para recibir a los peregrinos. Los alrededores se hermosearon gracias al mejor cuidado de los espacios verdes.

La casa del Acuerdo que lleva el nombre de la ciudad y fue la precuela de la Constitución Nacional resguarda los testimonios de los hechos acaecidos el 31 de mayo de 1852, cuando 14 provincias redactaron las bases de la organización nacional. El sitio posee una de las bibliotecas más importantes del país (supera los 60 mil volúmenes dedicados a la historia nacional) y exhibe objetos que pertenecieron a Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento.

La Casa Barco Irupé es un detalle digno de pastel de cumpleaños: una construcción tradicional con forma completa de navío que perteneció al poeta Oscar Felipe Cafiero. Sus herederos, que aún la habitan, aceptan visitas. El Teatro Municipal Rafael de Aguiar es otra joya histórica de la ciudad con una similitud notoria con el estilo del Teatro Colón, con capacidad para más de 1200 personas. Uno de los clásicos de la ciudad es el Bar del Teatro que siempre amerita una parada.

El lujo final que cierra con ganas de irse un ratito de escapada: la cancha de golf de 18 hoyos justo frente al Hotel Colonial. Una combinación de exquisitez digna de los grandes destinos del mundo.

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