Historia de vida: cambiar la ciudad por el campo

Un joven de 31 años decidió cambiar radicalmente su vida en la ciudad para irse a vivir al campo. A los 26, Estanislao Montiel atendía clientes para una prepaga en Buenos Aires. Cinco años después, dice que “con ganas de aprender, y trabajo, es imposible que algo salga mal”

Historias 01 de febrero de 2022 Clarín
campo ciudad

Solía andar de traje, corbata y zapatos, atendiendo clientes de lunes a viernes para una empresa prepaga con oficinas en Buenos Aires. Hoy trabaja de sol a sol (si la biología o la naturaleza lo requieren también los fines de semana y los feriados) calza bombachas camperas, boina, botas o alpargatas y vive en el medio de un campo, antes en Corrientes, ahora en Balcarce. Estanislao Montiel dio un golpe de timón a su vida. Enfrentó miedos e incertidumbres, pero se animó y hoy es un poco más feliz.

“¿Se puede migrar de la ciudad al campo, sin haberte criado en el campo?”. Esa fue la pregunta que este joven de 32 años se hizo cuando andaba por los 25 y, hasta ese momento, se imaginaba haciendo carrera en una prepaga.

Seis años después tiene las respuestas: “Definitivamente si”, esgrimió, con orgullo, en un posteo de Instagram. Y explicó: “No vengo de familia de campo, no me crié en el campo, hasta los 26 años viví en Buenos Aires, pasé por tres carreras y mi primer trabajo en un medio rural fue en Corrientes cuando no tenía nada de experiencia".

Hoy evalúa: "No me arrepiento ni un poco del cambio". Y sugiere: "Si dudan entre hacer o no algo de campo les recomiendo que vivan la experiencia, con ganas de aprender y trabajo es imposible que las cosas salgan mal”.

Nació y se crió en Bella Vista, una localidad del noroeste del Gran Buenos Aires (a 45 km de Buenos Aires, cerca de San Miguel). Su abuelo tenía un colegio en el que trabajaban su padre, José, como director, y su madre, Paz, en la librería. La relación de la familia con el campo era nula. “Lo más cerca del campo era que en las vacaciones me iba al de algún amigo y pasábamos unos días, comiendo asado, jugando al fútbol y andando a caballo, pero nada de trabajo”, recordó Montiel.

¿Y qué visión recordás que tenías del campo en aquella época de adolescencia y juventud temprana? “Era una sensación totalmente distinta de la que tengo ahora, de hecho, cuando surgió la posibilidad de mi primer trabajo en Monte Caseros, Corrientes, me choqué con una pared, porque mi idea del campo era la de relax, vacaciones y diversión, sin responsabilidades”, contó Montiel.

Claro, cuando llegó al campo correntino habiendo hecho una tecnicatura en producción agropecuaria de 2013 a 2016 (antes había pasado por ingeniería civil y 4 años de Administración de Empresas), cambió esa idea de esparcimiento, empezó el trabajo duro y las obligaciones desde que amanece hasta que se va el sol, todos los días, repleto de imprevistos.

“Cuando iba de vacaciones no notaba el sacrificio que implica el campo, en Corrientes me di cuenta de todo eso”, contó Montiel. ¿Y qué te dijeron tus padres? “A mis viejos les costó, les dio miedo, por el hecho de estar haciendo algo totalmente desconocido y encima tan lejos, pero me acompañaron”, valoró Montiel.

Aprendizajes correntinos
“Mi idea de hacer algo en el campo fue progresiva, me empezó a aburrir la rutina diaria de levantarme, subirme al colectivo, después al tren, llegar al trabajo, estar encerrado, y volver a casa”, contó Montiel, que trabajaba en atención el público. Y agregó: “Me empecé a imaginar más en contacto con la naturaleza y al aire libre, no tanto encerrado, también me imaginaba criando hijos en un pueblo más chico y en el campo, pero no en la ciudad”.

“A Corrientes me fui sin experiencia, y entré como segundo encargado. A los seis meses el encargado general renunció y quedé solo a cargo de todo. Era un campo de 6.500 hectáreas con arroz, forestación y ganadería bovina y ovina, era un circo grande”, recuerda con simpatía.

Ahí mismo, a los pocos meses, Montiel se topó con un gran desafío: tener que coordinar y dirigir un equipo de trabajadores que sabían más que él. “Tenía gente a cargo, peones que sabían lo que hacían, que sabían cosas que yo, obviamente no tenía idea. Fue un desafío grande, pero me sirvió muchísimo, aprendí un montón”, relató. Y especificó: “La clave fue ponerme a la par, porque ellos se daban cuenta que yo venía de la ciudad y muchas cosas no sabía hacerlas. Cuando me metí en el barro como ellos, y empecé a hacer de todo, sirvió para ganarme su respeto”.

  Montiel ayudando a una vaca y un ternero en el parto.
Encima, a poco de estar en Monte Caseros, falleció su hermano. Un golpe que minó de dudas aquella aventura norteña. “Por un momento pensé en dejar todo... Por suerte seguí, hoy no me arrepiento, pero fue muy difícil”, recordó.

Volver cerca de la familia

Hace 5 meses, después de cinco años en Corrientes, Montiel sintió que era momento de volver a estar más cerca de la familia y las amistades de toda la vida. “Aprendí muchísimo en Corrientes pero sentí que había cumplido un ciclo y quería estar más cerca de mis padres, por eso empecé a buscar trabajo y encontré un campo entre Tandil y Balcarce, más cerca de Balcarce”, contó.

Es un campo mixto en el que Montiel se encarga de la ganadería de ciclo completo. Siempre surgen las comparaciones entre el campo y la ciudad. “Cambiar de trabajo en el campo es distinto porque cambiás mucho más que de jefes y compañeros, cambiás de ciudad, la casa, y, al menos en mi caso, también es distinta la forma en la que se hacen las cosas acá y en el norte”, contó Montiel.

El desafío de cada día


“Me gusta mucho el desafío de todos los días. No hay rutina, amanece y te encontrás con un problema distinto por resolver”, compartió Montiel. Y prosiguió: “El contacto con los animales y la naturaleza también me gusta, trabajar a cielo abierto no tiene precio. Recuerdo cuando estaba sentado en una oficina frente a la computadora todos los días y me parece extraño. Ahora, cuando arranca subo a la camioneta, pongo música, salgo a ver los animales y después lo que traiga el día”.

  Montiel aprendió de la gente del campo. "La gente del campo es más sencilla", asegura.
Por todo esto es que Montiel “no volvería a Buenos Aires ni loco”. También pondera el contacto con las personas. “La gente de campo es más sencilla”, reconoció. “Aprendí a vivir más relajado en el sentido de no tener tantos problemas y llevar un ritmo de vida más tranquilo, además de la sencillez que tiene la gente y la solidaridad, porque hay compañerismo y si hay problemas todos hacen lo posible para resolverlo sin importar el horario”, aportó.

La socialidad de las redes


¿Cuántos seguidores debe tener una persona para ser considerado influencer? Con 31.300 seguidores en la red social Instagram, Estanislao bien podría entrar en ese lote de personas influyentes dentro de la ruralidad. Pero también, desde la ruralidad hacia la ciudad.

“Empecé a publicar cosas en la pandemia. En aquellos días en los que se pedía un aplauso para los médicos, yo estuve un año sin poder ver a mi familia, no podía salir de la provincia. Eso a mí me costó, no era que pedía un aplauso para la gente de campo, pero sí quería que la gente sepa que el campo no paraba, que trabajábamos como siempre, que estábamos ahí”, contó Montiel.

“Mucha gente que se quedó en el campo haciendo cuarentena sin regresar al pueblo a ver a sus familias, necesitan el apoyo de la gente y del gobierno de turno que sea…”, publicó Montiel el 21 de marzo de 2020 en su cuenta. “Esa publicación se compartió mucho y ahí me empezó a seguir más gente. Yo empecé también a contestar algunos mensajes, porque me gusta eso que se genera”.

“Me llama mucho la atención la gente que me agradece el hecho de haber compartido mi experiencia de irme de la ciudad al campo, porque hay un mito a veces de que los que no son del campo no pueden estudiar algo relacionado con el campo. Para mí, cada uno elige lo que quiere, solamente hay que tener humildad y ganas de aprender, da miedo al principio, pero hay que animarse”, aportó Montiel.

Consultado sobre la grieta que existe entre la gente de la ciudad y los que trabajan el campo en Argentina, el joven productor manifestó que la clave es la “desinformación. Me gusta mostrar el trabajo de campo, y mucha gente que me ha criticado porque no sabe las cosas que hacemos. Después de un intercambio de mensajes termina entendiendo, pero lo primero que les sale es venir con los tapones de punta”, dijo.

Aporte generacional con conectividad digital


Es verdad que las máquinas han reemplazado parte del trabajo duro que se hacía antes en el campo. Sin embargo, se necesita y se necesitará mucha gente siempre para hacer las diversas tareas que se requieren en esta industria a cielo abierto. Incluso, seguramente, distintas tareas de las que se hacían hace 20 años.

En este sentido, es una gran preocupación la falta de gente que quiera trabajar en el campo. A diferencia de Montiel, todo el tiempo se habla del flujo de jóvenes de los pueblos rurales a la gran ciudad. “Es verdad que cuesta conseguir gente para trabajar en el campo, a muchos les da miedo quedar aislados, pero no sin conectividad, porque hoy mal que mal tenés internet y TV por aire, estás comunicado, sino socialmente, vivir en el campo no es sencillo”, contó Montiel. Aunque agregó: “Hoy hay un cambio generacional, un quiebre de los que están entrando a la actividad con una iniciativa digital, tecnologías que permiten ser más eficientes, la juventud puede aportar mucho en este terreno”.

“Me gustaría seguir perfeccionándome, sobre todo apuntando al manejo con los animales, por ejemplo, pensando en el bienestar animal. Más allá de que es algo que me gusta también es algo que se requiere cada vez más en los planteos ganaderos. Concientizar a la gente de eso es uno de mis desafíos. En lo personal, me proyecto con una familia acá, en el campo”, soñó.

Cuando cae la tarde, es la hora de tomar unos mates después de una jornada larga. Los pájaros van de árbol en árbol aleteando y canturreando. A lo lejos se ven los toros que de tanto en tanto rompen el silencio con un coro de mugidos. A veces, suena folclore de fondo, mientras Estanislao Montiel repasa el día en su cabeza y hace alguna publicación o responde mensajes. Ahora sí, el sol ya es una línea delgada en el horizonte, una flama que pronto se extinguirá. Vendrá la noche, el descanso reparador y luego otro día. Que empezará como todos con mate y recorrida vía handy por cada puesto, pero que deparará seguramente nuevas aventuras, desafíos y acertijos por resolver.

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